El Enojo

el 27 agosto, 2013 en Artículos

El enojo es una emoción que todos hemos sentido en algún momento, puede variar mucho en intensidad, desde una simple irritación hasta una furia descontrolada. Se ha discutido mucho sobre qué tan innata es la ira o qué tan aprendida; puede que algunas personas nazcan más propensas a ciertas emociones, más sensibles tal vez, y sin duda existe también una parte ambiental que la estimula. Para algunos psicólogos, la ira habla de una frustración acumulada.

Cabe aclarar que un nivel de agresión nos puede dar la fuerza para emprender cosas sin dañarnos ni lastimar a los demás; pero cuando ésta rebasa ciertos límites se puede convertir en un problema para el individuo que la experimenta. Más aún se ha demostrado que las emociones negativas cambian la química del cuerpo, niveles de adrenalina, así como alteraciones en el ritmo cardíaco, en la presión sanguínea y en las funciones respiratorias y gastrointestinales. En fin, el cuerpo se las ingenia para manifestar aquello que no se puede verbalizar y es así como podemos poner en riesgo nuestra salud.

En términos generales, me parece que podemos distinguir tres maneras de vivir el enojo: de modo explosivo, de modo implosivo y una tercera podría ser de modo transformativo.

La primera se refiere a aquellas personas que llevan el enojo a flor de piel y ante la mínima provocación se alteran, gritan, están de mal humor y van peleando con quien se les ponga en frente. Ya sin siquiera pensar en el origen de su ira.

Las personas implosivas viven una especia de ira silenciosa; es decir, todo estalla dentro de ellas, tal vez porque les resulta menos riesgoso autodañarse y autoagredirse que sentir enojo contra alguien más.

El modo transformativo sería pensar en el enojo más que como algo incómodo, como una guía para entender lo que nos sucede y poder transformarlo. Si algo nos molesta es porque creemos que no es correcto para nosotros, es como un detector de una injusticia (que puede estar justificada o no), por eso es importante escuchar esas emociones en el cuerpo. Son mensajes interno que nos hablan de nosotros mismos y de situaciones por las podemos estar pasando que tal vez llegó el momento de atender. Para evitar un mal manejo del enojo es aconsejable reconocer el origen del mismo.

Es un privilegio tener autoconciencia de lo que sentimos y autocontrol para no perjudicar vínculos con seres queridos, arruinar situaciones sociales o laborales ni autodañarse.

Un termómetro para darnos cuenta de qué nos pasa, es mirar si nuestra respuesta de enojo corresponde a la acción que suponemos que nos la provocó, si no es así y observamos que la reacción está sobredimensionada, puede ser porque es una emoción que se ha ido acumulando por otras causas.

Sólo con la autoobservación y honestidad podemos descubrir lo que nos sucede. Es saludable encontrar un equilibrio en el que podamos liberar el enojo sin ser iracundos pero sin llegar al extremo de sofocar lo que sentimos.

Por eso… respira primero.

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